martes, 2 de octubre de 2007

Itzel Rodríguez Mortellaro
Diseño:Sergio Ricaño



Muchos estudiosos de arte y el público en general, coinciden en considerar que actualmente vivimos el periodo más controvertido y confuso de la historia de las artes plásticas. Hasta las primeras décadas del siglo XX, las técnicas expresivas (pintura, escultura y gráfica) podían identificarse con relativa facilidad, así como los estilos a que correspondía una obra. Además, las intenciones estéticas se manifestaban de forma relativamente abierta ante el público y la crítica especializada. Pero hoy en día la multiplicidad de expresiones que se califican como artísticas pueden aturdirnos y llevarnos al terreno de la incomprensión. ¿Cuáles son los parámetros para entender el arte actual? Aquí te presentamos cuatro pistas que te servirán de guía en la compleja travesía de la apreciación del arte actual.
El arte actual es plural, individualista, transgresivo y conceptual.

La pluralidad que caracteriza al arte actual se define a través de la proliferación de lenguajes expresivos y el uso de todo tipo de materiales para la creación artística. Es importante notar que la pluralidad actual se ve impulsada por la incesante innovación dentro del campo del arte.
El arte contemporáneo se caracteriza por la proliferación en el uso de lenguajes, materiales e intenciones. Ante la gran variedad y complejidad de las obras y la continua innovación en la creación artística, no sirve intentar establecer una clasificación del arte actual por estilos, en el sentido relativamente estable de la tradición artística (por ejemplo barroco, rococó, neoclásico, impresionismo, cubismo, etcétera). Por ello el estilo es sustituido por la noción más dinámica de tendencia. La tendencia es más inclusiva que el estilo porque reúne grupos de obras que guardan relación en cuanto a técnica, expresividad, elementos formales y significación. De este modo, una misma obra puede pertenecer a distintas tendencias. Desde 1960 se amplió considerablemente el abanico de tendencias y subtendencias. Una tendencia importante es el uso del cuerpo humano como vehículo expresivo en las distintas subtendencias del arte acción (happening, performance, fluxus), en el body art y el videoarte, por ejemplo. O bien se utilizan objetos tridimensionales en las instalaciones, arte conceptual, arte objeto, arte pobre, etcétera. En cuanto a significaciones, en cambio, se puede reunir en una tendencia general de exploración de la identidad sexual al arte gay y al arte feminista .
El valor supremo del arte de nuestro tiempo es la novedad. La proclamación de lo nuevo es continua, de ahí que la mayoría de las obras se consideren obsoletas casi inmediatamente después de ser creadas. El rápido e incesante consumo de las sociedades capitalistas actuales potencian la exploración de lo nuevo, preferentemente formal y en menor medida de los contenidos. Frecuentemente se cree que la innovación es fruto de la libertad creadora, con lo cual se afianza el mito de la autonomía del arte respecto de otras esferas de la vida social. Pero generalmente no es así, ninguna obra de arte evoluciona de un modo completamente autónomo. En buena medida, la innovación incesante está determinada por los intereses del mercado en sociedades donde domina el valor de cambio de la obra de manera similar a la moda, que más que un fenómeno estético o artístico es económico. La innovación y obsolescencia de las obras de arte está especialmente condicionada por la influencia de la crítica y del potencial promocional y publicitario, que afectan directamente su cotización en el mercado.



El arte actual heredó del movimiento romántico de principios del XIX la noción de que el arte, para ser válido, debe ser la expresión de un extremo individualismo, de una personalidad única. El culto al genio, que se manifestó en el siglo XVI y se consolidó en el XIX, es uno de los valores supremos del arte contemporáneo. De ahí que la búsqueda de originalidad sea otro de los valores muy estimados.
A tal grado ha llegado el culto a la personalidad del artista consagrado, que en muchas ocasiones se da más énfasis a la personalidad del artista que a sus productos: se considera más valiosa la firma de ciertos artistas que el objeto mismo donde está impresa.

El arte moderno tiende a ser transgresivo porque reta las normas artísticas convencionales. La agresión contra el entorno visual y social es uno de los rasgos distintivos del arte moderno. La corriente artística del simbolismo, que floreció en la década de 1880 en Francia, consolidó la idea de que el artista existe fuera de —y por lo tanto opuesto a— la estructura social establecida, y que a través de sus creaciones se presentan nuevas visiones del mundo y del ser humano. A partir de los años 60 varias tendencias artísticas (como el arte acción) buscan provocar al espectador mediante audacias expresivas para involucrarlo activamente en el acto estético.

En diversas tendencias del arte moderno se cuestiona la existencia del arte como objeto. Es decir que la obra se convierte en el punto de partida de una reflexión más amplia que rebasa la obra misma . La “poética” de la obra (su significado trascendente) prevalece sobre el problema de la obra en cuanto cosa realizada y concreta. Si en el arte tradicional predominaba el objeto sobre la teoría, en el arte conceptual prevalece la teoría sobre el objeto. Ya no se basta la obra por sí misma, sino que debe enmarcarse en las teorías que la fundamentan.
Cada obra documenta el estado de reflexión estética de su autor o de una tendencia. Para los estudiosos del arte actual importan más los procesos formativos y artísticos que la constitución física de la obra realizada.

Bibliografía
Simón Marchán Fiz: Del arte objetual al arte concepto. Epílogo sobre la sensibilidad ‘postmoderna' (1960-1974) , España, Akal ediciones, 1986 (Arte y estética).
H.H. Arnason: A History of Modern Art , London , Thames and Hudson , 1986.
Edward Lucie-Smith: ArToday , London , Phaidon, 1995.
No entiendo… arte actual. Cuaderno didáctico , México, Universidad de Guanajuato / Museo de Arte Carrillo Gil / INBA CONACULTA, 2002.




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